Polarización sobre Evo, consecuencia de tensiones políticas mexicanas

La opinión pública mexicana ha mostrado una elevada polarización en torno a la concesión de asilo político al depuesto presidente boliviano Evo Morales por parte del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Sin visos de consenso al respecto, y con variados argumentos, unos y otros dirimen sus distintas opiniones en redes sociales y medios de comunicación. Debaten no sólo sobre la concesión del asilo, sino también sobre la conducta y actuar del asilado en suelo mexicano.

Para el profesor-investigador del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México, Pablo Yankelevich, todo lo que se discute y cuestiona de la presencia de Morales en México forma parte de una lectura “atravesada por la tensión y polarización del ambiente político mexicano”.

En entrevista con Notimex, refirió que se trata de “una lectura de la situación boliviana con anteojos mexicanos”.

Lo que hizo México con Morales no es ninguna novedad, ni tampoco lo es el griterío al respecto. Revisemos la prensa de la época del asilo concedido a españoles o chilenos, y encontraremos argumentos semejantes a los que se manejan hoy.

Se decía que este país se iba a llenar de comunistas, de socialistas, terroristas, etc. Solo hay que revisar la historia para ver que no hay ninguna novedad, ni que México se ha conducido de manera excepcional”.

En opinión de Yankelevich, miembro regular de la Academia Mexicana de Ciencias, quizás el revuelo que ha levantado el asilo a Evo Morales se debe a que “hace mucho no se otorgaba un asilo de este calibre”, aunque “México está atravesado de experiencias así”.

Tal y como narra, “en 1937 se votó el asilo diplomático a León Trotsky y la posición de la prensa más seria cuestionó la extensión de la visa”.

Por eso no me llama la atención la polarización respecto a Evo Morales, ni tampoco, como a otros, la protección que recibe, ya que aquí asesinaron a Trotsky, al líder cubano Julio Antonio Mella y hasta llegó un comando para asesinar a la dirigencia del exilio chileno. Hay asilados asesinados”, razón por la cual es justificable la protección al líder indígena boliviano.

Yankelevich engloba el asilo a Morales en una larga tradición mexicana de “abierta solidaridad con perseguidos políticos”, que “no es incongruente con las restricciones a la migración, por el simple hecho de que son volúmenes distintos”.

Asilo, refugio y migración

“Las comunidades de extranjeros residentes son muy pequeñas, no alcanzan el uno por ciento de la población nacional. No llegan al millón”. De igual forma, “la población de origen asilado es mucho menor”.

Según refiere el investigador, “en la historia del siglo XX mexicano, por la vía del asilo político solicitado en representaciones diplomáticas de México en el exterior, los casos no llegan a tres mil”.

Excepciones notables son los republicanos españoles, donde la cifra alcanza entre 20 y 25 mil personas, así como los exiliados suramericanos durante los años 60 y 70, que huían de las dictaduras militares y que en número no llegaron a 15 mil personas”.

El libro más reciente de Yankelevich, titulado “Los Otros. Raza, Normas y Corrupción en la gestión de la extranjería en México (1900-1950)”, busca profundizar el conocimiento sobre “las maneras de mirar y tratar a los migrantes en un pasado no tan lejano y acrecentar el campo de estudio sobre discriminación, racismo y exclusión social y política” en la historia contemporánea de México.

Según demuestra, las políticas migratorias mexicanas han sido siempre muy restrictivas, pese a que los volúmenes de población que intenta migrar para radicarse en el país no son significativos.

Pese a ello, dada la larga tradición de asilo a los perseguidos políticos, en el imaginario colectivo se produce un traslape y muchos piensan que “las puertas abiertas para los perseguidos lo están también para el resto de los migrantes”.

“Esto no es así”, incluso cuando México tiene hoy, además del asilo, “que es una figura que intenta proteger la vida e integridad de perseguidos políticos”, la figura del refugiado.

Introducida en la legislación nacional a partir del año 2000, bajo la protección de la figura del refugio “entran perseguidos por otras cuestiones como violencia generalizada, religión, desastres naturales, conflictos bélicos, etc.

Es por ello, considera el historiador, que vemos en la frontera sur solicitudes de refugio por pobreza y violencia generalizadas en los países expulsores, mayormente los del llamado Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador). “Hay un tratamiento distinto para ellos. No se debe confundir asilo político con refugio, ni ninguno de los dos con migrantes”.

Más del asilo y Evo

La figura del asilo es una cuestión que está vinculada directamente a principios de la política exterior mexicana, fijados en la constitución y que tienen que ver con la no intervención, el respeto a la autodeterminación de los pueblos, la solución pacífica de los conflictos, entre otros”, prosigue Yankelevich, al tiempo que explica que, a lo largo del siglo XX, México fue un firme defensor de estos principios.

En apoyo a ellos estaba vigente el asilo. En un contexto donde América Latina tenía muchos perseguidos políticos, cuyo número bajó para la década de los 90.

Por otro lado, a partir del año 2000, los gobiernos no fueron muy leales a estos principios, sobre todo los panistas. El actual gobierno ha vuelto a retomarlos y la primera señal fue el no reconocimiento de Juan Guaidó en Venezuela”.

Para Yankelevich, el no apoyo a Guaidó por parte del gobierno de Andrés Manuel López Obrador podría leerse por algunos como un apoyo a Nicolás Maduro. Sin embargo, “esa es una lectura muy simple, ya que a la vez que México convoca al diálogo en Venezuela, en el grupo de Montevideo, y desconoce a Guaidó, ha otorgado una buena cantidad de refugios a venezolanos”, la segunda nacionalidad que más refugio recibe en México, tras los hondureños.

A través de la figura del refugio se protege a personas que escapan de la situación en Venezuela. Contrario a cómo sucede con Evo o el supuesto apoyo a Maduro, no se escuchan muchas voces reconociendo o criticando que López Obrador siga dando refugio a venezolanos”.

Sí se escuchan muchas en contra del asilo a Morales”, espeta Yankelevich, para quien la historia, como sostiene en su referido libro, ofrece muchas claves que nos permiten entender todo lo que sucede actualmente respecto a la celebrada y criticada protección del boliviano en México.