El cubículo 26

La madrugada del 18 de agosto del año pasado casi no pude dormir. Los nervios de la entrevista de trabajo más tarde esa mañana me ahuyentaron el sueño y lo corretearon hasta las afueras de la ciudad. La novel diputada Selene Cárdenas, recién había rendido protesta como integrante de la XXXIII Legislatura un día antes y vía whatsapp me había citado a las 10 de la mañana del día siguiente para hablar conmigo sobre la posibilidad de auxiliarla en su nueva responsabilidad.

-Por favor, llega temprano una vez en tu vida, duérmete temprano hoy para que puedas madrugar y no andes corriendo en la mañana y encomiéndate a Dios- me dijo mi mamá una noche antes. Hice ambas.

Faltando 15 minutos para las 10 de la mañana crucé otra vez la imponente puerta del H. Congreso del Estado, una puerta por la que creí que no volvería a pasar en un buen tiempo después de haberla atravesado casi todos los días durante los últimos 7 años. Me dirigí al tercer piso y rápido identifiqué la oficina de la mujer que apenas conocía por lo que de ella me había dicho nuestra amiga en común, Ivideliza Reyes y por lo que había visto en redes sociales sobre su labor como regidora y su campaña reciente como candidata a diputada. No la conocía, pero algo en su tono de voz me inspiraba confianza y es que, quien haya hablado con ella estará de acuerdo conmigo en que combina perfectamente bien la clase con la sencillez.

Toqué a las 10 de la mañana en punto la puerta del cubículo indicado, poco antes de hacer una silenciosa oración a Dios y una petición de ayuda también a la memoria de mis seres queridos que ya se han ido y a la de Luis Carlos Galán, el personaje histórico a quien más admiro por su valor y que justo ese día cumplía 32 años de haber sido asesinado en Soacha por órdenes de Pablo Escobar cuando todas las encuestas aseguraban su triunfo en las elecciones presidenciales de Colombia en 1990.

-Adelante- me dijo un señor que estaba sentado dentro de la oficina, leyendo algo que no recuerdo bien.

-Vengo buscando a la diputada Selene Cárdenas, me citó para hoy a esta hora- le respondí.

Después de indicarme que la diputada había salido, pero que seguramente no tardaba en regresar, me invitó a esperarla dentro de la oficina.

-soy el esposo de la diputada- confesó instantes después, el amable señor.

Por no invadir su privacidad y no causar molestias, preferí salir a esperarla en el pasillo. Lo anterior es muy irónico, porque en 12 meses, ha sido precisamente el señor Genaro Parra, aquel hombre al que le rechacé su invitación a esperar a la diputada dentro de la oficina, el que se ha convertido en uno de mis mejores amigos, un amigo de esos con los que uno aprende de su forma de ver la vida y de sus experiencias, un hombre que es sabio, no porque sea doctor en Derecho, sino porque es dueño de una nobleza que motiva a agradecer a quienes tenemos oportunidad de conocerle. Las interminables charlas con él son un tesoro que guardo en la memoria y que no pocas veces me ha hecho olvidar que tengo trabajo por hacer.

Media hora después llegó la diputada Selene Cárdenas. Alta, elegante, muy amable y cordial en su trato. Me ofreció disculpas por la demora y me invitó a pasar a su oficina.

Hablamos algunas generalidades, me dijo que Ivideliza se había expresado bien de mí y de mi trabajo y me explicó algunas de sus prioridades legislativas, me dejó en claro sobre todo que no iba de vacaciones y que quería ser una verdadera representante de las causas justas. Que no quería ser una más del montón.

El valor que percibí en ella me gustó mucho, pues acaso una de las cualidades más importantes del legislador es precisamente el valor, cualidad que se ve en uno o dos integrantes de cada Legislatura. Hablamos de mis honorarios y le agradecí mucho que no hubo ningún intento de regatear mi propuesta original (Meses después, por iniciativa suya, me aumentó el salario, lo que es una acción que define su calidad humana) De su bolsa sacó un pequeño sobre amarillo doblado y me lo entregó: era la llave de la oficina, del cubículo 26 del Congreso del Estado. Aquél sobre lo guardo todavía como recuerdo de esa mañana.

-Aquí están las llaves de la oficina, utiliza lo que necesites, trabaja aquí cuando gustes. Con esta llave te entrego mi confianza, a cambio espero tu lealtad y tu mejor trabajo para servir bien a Nayarit- me dijo con cierto tono de severidad.

A 12 meses de distancia de aquella mañana, no puedo sino agradecerle a la vida por esta oportunidad. He tenido que trabajar a marchas forzadas como nunca, pero lo hago con mucho placer porque trabajo para una mujer que es genuina, con convicciones y valiente como diputada, también que es amable, sencilla y afectiva como amiga. En esa oficina, me gusta pensar que somos una especie de familia que tratamos de dejar huella haciendo las cosas bien.

Hemos pasado momentos gratos, otros complicados, pero hemos estado juntos siempre y eso ha permitido que todo salga de la mejor manera. La diputada Selene al día de hoy no sólo es de las más productivas en cuanto a su trabajo legislativo, sino que a veces es la única voz dispuesta a decir las verdades más incómodas para el oficialismo.

Me gusta pensar que en ello he puesto también un granito de arena.

La diputada Selene y el señor Genaro, no sólo se ganaron mi lealtad y mi admiración, sino mi cariño y mi amistad sincera. Hace 12 meses que llegué buscando trabajo y, además de lo que buscaba, encontré 2 amigos que hoy son una bendición en mi vida.

Que vengan muchos, muchos años más. Gracias por tanto.

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