UN PARTIDO SINGULAR

Era la tercera ronda de partidos en el Mundial de Futbol Alemania 1974, justamente un día 22 de junio teniendo como marco el Volksparkstadion de Hamburgo, el mundo era testigo de un singular encuentro, en la cancha se enfrentaban las selecciones nacionales de la occidental República Federal Alemana (RFA) contra la oriental República Democrática Alemana (RDA) un hito histórico jamás repetible, ahí en la cancha de esa legendaria ciudad, veintidós futbolistas de origen y sangre germana se enfrentaban en un duelo futbolístico cuyas consecuencias iban más allá de un simple resultado deportivo, en esa mitad de cancha que emulara al Muro de Berlín levantado hacía casi trece años como señal inequívoca de una demostración de control y fuerza que eliminaba cualquier brizna de sentido humanitario y sí una feroz lucha de dos ideologías irreconciliables.

Ese día se enfrentaban veintidós alemanes cuya mayoría había nacido cercano al el año en que por los acuerdos de Teherán, Yalta y Postdam los líderes de las naciones vencedoras de la Segunda Guerra Mundial decidieron convertir la otrora gran Alemania del tercer Reich en un país dividido en dos zonas de control, la Oriental regida por la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia que se conocería como la República Democrática y la parte Occidental dominada por Inglaterra, Francia y los Estados Unidos dentro de la OTAN y que se denominaría la República Federal Alemana; así mismo la capital Berlín cercenada por un muro; de esa manera a partir del fin de la Segunda Guerra, la Europa Central quedó a merced de las huestes ganadoras que se repartirían los países cual botín de batalla en esos dos bandos ideológicos y de poder que al finalizar la conflagración se olvidaron que días atrás estaban unidos en combate y ahora tras obtener su presa se volvían unos contra otros, dando crédito a la máxima de guerra: “el enemigo de tu enemigo es tu amigo”.

Ahí estaban en la cancha, luchando por un resultado, pero más bien era para dejar sentado el poderío del bando comunista o capitalista, claro que el resultado futbolístico era importante ya que por azares del destino en el sorteo de la FIFA las dos Alemanias habían quedado en el mismo grupo de competencia y se veían las caras en el último partido de la ronda de grupos;  para ese momento la RFA que era la anfitriona ya estaba calificada por haber vencido tanto a Australia y a Chile, pero la RDA requería de un triunfo, había vencido a Australia pero había empatado con Chile, que por cierto al no haber asistido México a ese mundial por haber fracasado estrepitosamente en la eliminatoria de Haití, los mexicanos estábamos con Brasil (aquella que había robado el corazón de México en el Mundial 1970) ya sin el Rey Pelé y con la aguerrida escuadra chilena que llevaba en sus filas al “Maestro” Carlos Reinoso, al “Pata Bendita” Castro ambos jugadores del América y a Alberto Quintano recio defensa del Cruz Azul, amén de una pléyade de buenos jugadores como Elías Figueroa, Sergio Ahumada, Carlos Cazely ( que por cierto pasó a la historia por ser el primer jugador expulsado en un partido de Copa del Mundo donde desde 1970 ya se usaban las tarjetas pero hasta 1974 se dio un caso para ello.

El morbo y la tensión por ese partido era intensa, las ambiciones políticas, el ego y el deseo de dominio imperaban en esos años de la llamada Guerra Fría, aquella que se presenta después de la dolorosa y destructiva Segunda Guerra, en la cual las armas bélicas ya no eran el fundamento para dirimir diferencias ideológicas, el control, el armamentismo, la carrera espacial, el dominio eran la base fundamental de esta lucha que ese 20 de junio proporcionaba un ejemplo fehaciente de tal situación.

El resultado hizo respirar a muchos, en la cancha del pasto occidental, la escuadra oriental vencía por la mínima diferencia a la escuadra teutona, quedando así clasificadas para los octavos de final RFA en primero y RDA en segundo, dejando a Chile y Australia con el boleto de regreso a su país, los dos bandos dirimían sus diferencias en ese momento mediante un partido de futbol, muy parecida a aquella película producida en 1981 llamada “Escape a la Victoria” donde un grupo de presos de una prisión de la Alemania nazi se enfrenta a un equipo de soldados del Tercer Reich para salvar su vida, en esa cinta aparece Silvester Stallone y famosos jugadores de futbol como Pelé, Bobby Moore, Osvaldo Ardiles y el polaco Deyna egregios futbolistas de los 60s y 70s.

Lo que siguió a ello tuvo un dominio occidental, la RDA fue eliminada en la siguiente ronda y la Alemania Occidental llego hasta la final enfrentándose a la sorprendente “Naranja Mecánica” capitaneada por Johan Cruyff que sorprendió a propios y extraños con su juego denominado de futbol total, a la postre la Alemania Federal se alzó con el Campeonato ganando por segunda ocasión ya que en 1954 había ganado a Hungría, todavía en 1990 en Italia volvió a ganar la Copa en una discutida final frente a Argentina y de nuevo contra dicho rival en el 2014.

Los vaivenes del mundo eran claros y ya para 1989 el bloque soviético se resquebrajó y la cortina de hierro tuvo su final después de 44 años, el 9 de noviembre  el Muro de Berlín símbolo hiriente de dominio y rencor cayó dando pie a la reconstrucción de Europa generando la unificación de Alemania y la separación de Países como Yugoslavia, Checoslovaquia y la propia URSS.

Ese partido queda en la Historia y en la anécdota donde muchos niños que veían el segundo mundial televisado a color no acataban a entender de qué Alemania se hablaba o el ¿porqué de dos Alemanias? ¿A cuál le vas?, ¿Quién ganó? Un concepto  que solo en la mente de los líderes mundiales se podía concebir y que hoy forma parte de un singular enfrentamiento deportivo.

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