La Política como Corrupción

“Quien hace política aspira al poder; al poder como medio para la consecución de otros fines (idealistas o egoístas) o al poder “por el poder”, para gozar del sentimiento de prestigio que él confiere.” Max Weber

Max Weber un sociólogo alemán de principios del siglo XX, dictó una conferencia en la Alemania de 1919, en medio de una profunda crisis de posguerra y con la reconstrucción de la república alemana en el horizonte. Su conferencia se publicó con el título “La política como Vocación”, y en ella narraba una serie de definiciones y de conceptos sobre esa cosa llamada política, dictando la siguiente afirmación: “QUIEN HACE POLÍTICA ASPIRA AL PODER”. Con esa sentencia desnudaba la naturaleza de la política moderna y la naturaleza del poder. El poder visto como medio para la consecución de otros fines, o como simple instrumento que dota de prestigio a quien se envuelve y se deja seducir por él.

En la actualidad este argumento tiene una enorme vigencia, en todos los ámbitos de la vida pública donde se disputa algún cargo de elección popular o algún puesto de la administración pública, ya sea a nivel municipal, estatal o federal. El poder convertido como moneda de cambio para acceder a cualquier bien, y materializar cualquier deseo, es como un metal precioso cargado de valor social material y simbólico, que promete enriquecer a quien lo posea, de ahí su fascinación por obtenerlo.

Si observamos a detalle a muchos regidores, diputados locales o presidentes municipales de Nayarit, una vez envueltos en la investidura que les otorga el cargo, también se envuelven de ese mágico misticismo que les brinda el poder, de inmediato su estilo de vida cambia, su vestimenta se transforma, su imagen física se modifica, el outfit eleva su valor, y las propiedades muebles e inmuebles, también aumentan. Y por qué sucede esto, porque el poder es la moneda de cambio que les permite acceder a cualquier fin, su alto nivel corrosivo, para corromper principios éticos y trastocar la línea deóntica de lo permitido y lo prohibido, lo hace un agente destructor y devastador. Las primeras víctimas de esta onda expansiva desde luego son las propias personas que lo ejercen, los que gobiernan, y de modo secundario y como efecto colateral, las personas que viven su día a día sumidas en las dificultades de su cotidianidad (las que son gobernadas)

El poder corrompe porque tiene la capacidad de alterar con su influencia y su coacción el orden de las cosas para beneficio personal, se le puede confundir con el dinero, sin embargo, el dinero es la consecuencia que se deriva después de hacer uso del poder o de ejercerlo, como un medio para obtener un bien, bien que surge de un deseo, en cualquier caso, estar al frente de un cargo público les da el poder para apropiarse de aquello que ambicionan, y que en otras condiciones carentes de ese poder, simplemente sería casi imposible lograrlo.

 

Sí uno revisa a detalle la  historia personal de políticos y autoridades públicas de Nayarit, sin necesidad de decir nombres, se verá una relación implícita que se liga con la obtención de Ranchos, permisos de taxis, permisos de negocios, tierras ejidales, terrenos de vivienda, propiedades inmobiliarias, cirugías estéticas, flotillas de autos, constructoras, acceso a fondos y recursos públicos, venta de plazas de gobierno, empresas creadas para suministrar insumos al gobierno, fraudes comerciales, etc.,  teniendo como motivación aspiracional para hacerlo el alcanzar reconocimiento, prestigio, dinero y estatus,  y de aumentarlo o  de conservarlo a toda costa.

 

En la vieja escuela de la política como corrupción, el político pobre es considerado como un pobre político, de ahí que acceder al cargo público e inmiscuirse en la política represente la posibilidad real, de obtener aquello que siempre careció, o que no ha podido acrecentar, ya sea propiedades, ya sea dinero o ya sea prestigio. Gracias al poder lo obtienen y lo utilizan como la moneda de cambio lista para corromper cualquier principio ético u orden moral que se les presente.

O usted que piensa, lo leo…

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