¿Revocación de mandado o provocación de mandato?

Una solicitud de revocación de mandato supone una confrontación, conflicto, el planteamiento de posiciones irreconciliables. Se trata de un instrumento de participación ciudadana con una pregunta dicotómica: a favor o en contra, o se retira o se mantiene quien ejerce el poder. Por diversas razones no vemos esa intensidad en el contexto del ejercicio que tendrá el próximo 10 de abril su momento culmen.

Se discute sobre si en los hechos lo que se desarrolla es una revocación o una ratificación. Con una oposición debilitada que ha optado por llamar a no participar, no se genera una bravata, un desafío que pudiera poner en riesgo la continuidad en el poder del presidente Andrés Manuel López Obrador. No hay una provocación de mandato.

Con una popularidad presidencial que hasta principios de marzo rondaba entre los 53 y los 62 puntos porcentuales, es decir, un promedio de 58% de acuerdo con varias encuestas, un ejercicio de revocación parece innecesario. Quizá pudo hacerse un mejor uso de los poco más de mil 692 millones de pesos que costará la realización del procedimiento.

Se puso en marcha un mecanismo que busca dotar de mayor legitimidad al actual gobierno y posicionarlo rumbo a futuros procesos electorales. Hay una revocación solicitada desde el poder, una revocación de mandado. De ahí que por momentos adolezca de una condición sancionatoria y parezca más un ejercicio propagandístico.

De cualquier manera, debe quedar claro que una revocación de mandato es un asunto esencialmente político: tiene que ver con la disputa por el poder. Se trata, ni más ni menos, que de despojar el cargo a alguien que lo ganó legítimamente gracias al respaldo mayoritario de los ciudadanos en las urnas. Mediante el voto, los mexicanos autorizan a esa persona ganadora la utilización de cuantiosos recursos que van desde los presupuestarios hasta los organizacionales. El que alguien sea revocado de la Presidencia implica la sustitución de un grupo de poder por otro en el cargo más influyente del país.

Porque esto es así, llama la atención que se siga tratando de “blindar” el proceso de revocación de mandato que actualmente se desarrolla como si se tratara de un ejercicio neutral, como si se quisiera que la ciudadanía, en solitario, reflexionara sobre su decisión.

Hay que tener cuidado con un elemento sustancial: la revocación de mandato no es, en los hechos, una valoración técnica de los resultados de un gobierno, es claramente un ejercicio subjetivo que sólo da cuenta del respaldo social con el que cuenta quien está en el poder. Si ese consenso ya es mínimo –lo que lo limita para tomar decisiones– quizá es buena idea que se retire.

¿Pero cómo valorar los logros de un gobierno? Ahora mismo hay quien señala al gobierno que encabeza López Obrador como un desastre que habría que cambiar de inmediato; en tanto que para otros se está en un proceso generador de una Cuarta Transformación. ¿Quién tiene la razón? Desde luego que es un ejercicio subjetivo. El propósito es lograr el mayor consenso posible, no una evaluación técnica de las políticas públicas que se implementan.

Por eso limitar la participación de los partidos políticos debe ser un error. Se trata de los principales entes de representación política de los ciudadanos, que además mantenemos con ingentes recursos públicos. Tendría que ser su responsabilidad llamar a la participación, como lo es también la del Instituto Nacional Electoral (INE).

Lo que es más, parece absurdo que se prohíba al presidente de la República que se defienda: ¡es de él sobre el que se habla, es a quien se le quiere quitar el cargo! ¿No tendría que esgrimir sus argumentos para tratar de cambiar la opinión de sus detractores? Por lo menos esto habría que considerarlo para futuros ejercicios en los que efectivamente esté en disputa o la ratificación o la revocación.

¿Blindar el ejercicio de revocación de mandato? Que cada quien exponga lo que a su derecho convenga. En una de ésas hasta resulta más atractivo participar para la ciudadanía. Que los partidos se pronuncien, que el presidente se defienda y que los ciudadanos decidan si se asoman (o no) a la arena pública a escuchar pros y contras. La abstención también es una posición que no debe soslayarse. Si la gente se vuelca para que el presidente dimita, que así sea, pero si decide no participar, habrá que interpretar ese silencio.

*Este texto fue publicado originalmente el día 31 de marzo de 2022 en El Sol de Morelia. Se reproduce con autorización del medio y del autor.

Vigía

Varios funcionarios han desatendido sus cargos para dedicarse a promover la consulta de revocación de mandato. Lo ha hecho el propio secretario de Gobernación, Adán Augusto López, como también el subsecretario de Seguridad Pública Ricardo Mejía Berdeja. El primero dijo, entre arengas, “es un honor que me corran por apoyar a López Obrador”. Mejía Berdeja, por su parte, invitó en un mitin “a llenar de votos las urnas a favor de que siga Andrés Manuel López Obrador como Presidente de México”. Ya se verán, el próximo domingo, los resultados de estos esfuerzos.

MÁS OPINIÓN